Con el Mundo en el Oído

Una de las barreras que todavía enfrenta nuestro mundo, cada vez más globalizado, es la del idioma. Al existir casi 7 mil idiomas distintos en el mundo (datos del 2009, Summer Institute of Language International, a través de Linguistic Society of America), aprenderlos todos resultaría una labor hercúlea e impráctica. Por otra parte, dado que el idioma es una parte integral de la identidad, intentar unificar a la humanidad bajo una misma lengua, ya sea fabricada (como el esperanto) o existente (como el inglés, considerada “default” en muchos escenarios internacionales), puede considerarse casi una ofensa. Los humanos suelen optar por evitar conflictos y comunicarse cada uno en su idioma natal, ocupando a un intermediario que hable ambas lenguas para transmitir el mensaje: los traductores e intérpretes.

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Recientemente se han presentado “auriculares traductores”, diseñados para obviar al intermediario y permitir la comunicación sin importar el idioma de los interlocutores. Hay dos ejemplos prominentes de estos dispositivos. Uno es Pilot, de Waverly Labs, que está disponible en inglés, español, francés, italiano y portugués (con otros diez idiomas que estarán disponibles en otoño de este año); cualquier persona con este dispositivo puede solicitar unirse a una conversación, o bien ésta puede transmitirse en el altavoz del teléfono. El otro es CLIK, de Mymanu, que ofrece 37 idiomas, requiere una contraseña para unirse a las conversaciones y ofrece una transcripción de las mismas.

Ambos dispositivos usan el Internet para conectarse a una aplicación gratuita que los usuarios deben descargar a sus dispositivos móviles y sincronizar con los auriculares a través de Bluetooth. También pueden usarse para escuchar música y para algunas funciones de los teléfonos inteligentes (llamadas, mensajes, recordatorios).

Como cualquier otro invento, estos auriculares tienen sus pros y sus contras.

PROS

  • Al eliminar al intermediario humano, el mensaje queda únicamente entre los interlocutores, lo que da una mayor sensación de privacidad y seguridad. Sin embargo, hay que recordar que los intérpretes profesionales manejan estrictos estándares de confidencialidad.
  • Los auriculares permiten que personas de varias nacionalidades elijan su idioma natal, sin tener que usar un idioma “intermedio” (por ejemplo, que por mayoría de audiencia sólo se interprete al inglés, a pesar de que haya hispanoparlantes en la audiencia). Pero esto ya ocurre en eventos de interpretación internacionales, donde se tienen dos o más intérpretes en cabinas independientes, cada uno con su idioma, para así satisfacer las necesidades de todos los asistentes.

CONTRAS

  • Hay un retraso de unos segundos al traducir frases cortas; el dispositivo espera a que el locutor termine de hablar para luego traducir y transmitir el mensaje. Las compañías prometen trabajar para reducir el tiempo de retraso, pero uno puede esperar que éste se haga más largo cuanto más larga sea la frase. En eventos como conferencias, que básicamente son un largo monólogo, se requiere de una interpretación simultánea, donde el intérprete transmite casi al mismo tiempo que recibe el mensaje.
  • Ninguna de las dos marcas especifica cuántas personas pueden unirse a la conversación. Un intérprete humano puede servir a una sala llena de cientos de espectadores.
  • Como con casi cualquier artefacto tecnológico moderno, existen factores logísticos específicos para que funcionen correctamente. Los interlocutores quedarían incomunicados si su dispositivo no es compatible con el auricular, si se acaba la batería, si no hay señal de Internet o se agotan los datos móviles, si el servidor se sobresatura… Así mismo, las compañías advierten que el hardware es delicado, y que no puede usarse en ambientes demasiado calurosos, demasiado secos o demasiado húmedos, ya que se dañaría y tendría que ser reemplazado, pero el precio es demasiado elevado como para cambiarlo frecuentemente.
  • Al igual que Google Translate o Skype Translator, el software traductor de los auriculares no es perfecto, sino “adecuado”, y cometerá muchos errores debido a las sutilezas naturales del idioma que un intérprete humano conoce, pero que el software no. Las compañías aseguran que el software “aprende” de las personas, y que mejorará con el tiempo, pero no especifican cómo pretenden que esto suceda. Un intérprete humano, por contraste, aprende de la experiencia, el estudio, la práctica y la retroalimentación.
  • Estos auriculares requieren que se hable despacio y enunciando cada palabra cuidadosamente, pero el lenguaje humano está lleno de muletillas (“umm, ah, este, sí ¿no?”, etc.), además de que cada lenguaje tiene dialectos y acentos, por no mencionar que cada ser humano habla con una velocidad, claridad y volumen distintos, lo que podría causar errores en la detección de las palabras y, por lo tanto, errores en la interpretación del mensaje. El intérprete humano tiene la experiencia y el entrenamiento necesario para obviar las muletillas, entender diversos acentos, y obtener las palabras poco claras según el contexto, así como interpretar las sutilezas entre dialectos.

Es importante agregar que traer auriculares puestos durante un tiempo prolongado es malo para la salud del oído, causando taponamientos, lesiones por fricción y presión en el canal auditivo, y pérdida crónica de puntos de audición. Además, el funcionamiento de estos auriculares implica conservar uno y prestar el otro; si esto se realiza sin las adecuadas medidas de higiene, puede causar infecciones. Por último, al igual que con cualquier otro tipo de auricular o dispositivo “manos libres” (sobre todo si se usan para escuchar música o recibir notificaciones), pueden resultar peligrosos al caminar por la calle o manejar, ya que podrían no escucharse las señales auditivas necesarias (una sirena, un claxon) para evitar un accidente.

Así como Kindle no reemplazó a los libros impresos, los dispositivos de interpretación están todavía muy lejos de reemplazar a los intérpretes humanos, que con su entrenamiento, su experiencia y su ardua labor diaria pueden asegurar la comunicación, aportando un elemento único: el elemento humano, que ninguna máquina o software pueden reemplazar.

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