Seguridad Nacional Aplatanada

Para la primera publicación en la historia del blog de Babel, se me ocurrió empezar con el tema de los plátanos, y mientras hablo de esto, también abordaré el tema de la seguridad nacional.

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El otro día estaba en el supermercado local y entre los primeros lugares de mi lista mental de compras había plátanos. Por suerte estaban bien surtidos ese día, pero desafortunadamente todos, sin excepción alguna, eran importados. Cuando le pregunte al personal del supermercado si tenían plátanos de origen nacional, me vieron como si les hubiera pedido testículos de araña verde.

Quizá esa reacción no habría estado fuera de lugar si hubiera exigido que tuvieran plátanos mexicanos en un supermercado de Bangkok o Mogadiscio. Pero no fue así. Estaba en un supermercado mexicano, cuyo nombre mismo – sin intención de promover o atacar marcas específicas – incluye una referencia inequívoca al país en el que se ubica. Además de esto, México es el décimo productor de plátanos a nivel mundial.

Yendo un poco más lejos, el mismo dilema aplicaba a las manzanas, peras, fresas, frambuesas, kiwis y a una amplia variedad de frutas. Las evidencias de que México es actualmente el sexto productor de fruta en el mundo brillaban por su ausencia.

¿Mi conclusión? El titán productor de frutas llamado México devora de manera insaciable fruta importada de su vecino del norte, en un momento en el que el principal mercado extranjero del país está decidido a reducir las importaciones procedentes de nuestro país. Aunado a la obsesión del presidente Trump por acabar con el TLCAN, esté frenesí por la fruta proveniente de EEUU se da ante un trasfondo de abandono, explotación y caos crónicos del propio sector agropecuario mexicano.

Las consecuencias de esta situación rayan en lo catastrófico.

Para empezar, dado que esta inundación proveniente del norte va más allá de la fruta, en realidad México está cediendo su autonomía alimentaria – la capacidad que tiene un país para alimentar a su propia población – a otro país; específicamente, uno con el que actualmente las relaciones se encuentran en el punto más bajo desde la Segunda Guerra Mundial. La autonomía alimentaria es una de las medidas más claras de la soberanía nacional. Si no lo creen, pregunten a los catarís.

En segundo lugar, los trabajos en el sector agropecuario se están mudando al norte de la frontera, al igual que miles de trabajadores que se ven forzados por la desesperación a emprender un cruce que cada año reclama la vida de miles de migrantes. Tan solo en 2015, más de 1,200 migrantes murieron al intentar cruzar la frontera México-EEUU, y cientos de miles más se encuentran actualmente en centros de detención, además de los millones que viven en constante angustia ante la posibilidad de enfrentar la deportación a manos de una administración federal que se ha mostrado hostil frente a los inmigrantes. ¿Por qué los campesinos mexicanos tienen que padecer todo esto para poder pizcar fruta al servicio de multinacionales extranjeras cuando deberían poder hacerlo para empresas locales?

En tercer lugar, un importante número de trabajadores del sector agrícola, quienes están expuestos a un clima cada vez más inestable y a un gobierno también cada vez más inestable, se quedan sin fuente de ingresos. El narcotráfico y otras actividades criminales a menudo son la única opción a su alcance. A diferencia de la afirmación hecha por Trump con respecto a que las importaciones de acero podrían representar una amenaza a la seguridad nacional, el abandono del sector agrícola mexicano es una enorme amenaza a la seguridad de ambos países.

Por último, hay un silencio ensordecedor en torno a los métodos y productos que son empleados para cultivar las frutas y los vegetales que comemos. La agricultura estadounidense depende cada vez más de la ingeniería genética y ha hecho un esfuerzo enorme en todo el mundo para asegurarse de que el etiquetado de sus productos carezca de cualquier referencia a productos modificados genéticamente. En esta época de consumismo regido por el mercado, el derecho que tenemos como consumidores de saber con exactitud qué es lo que contienen los alimentos que compramos y comemos es uno de los preceptos fundamentales de la democracia.

Así que, ¿cómo nos deja todo esto? Al menos en el corto plazo no podemos decidir qué productos compran los supermercados, pero sí podemos decidir qué compramos nosotros. Quizá requiera un poco más de esfuerzo o un poco más de dinero de nuestra parte, pero tiene sentido que busquemos opciones para adquirir productos nacionales en lugar de importados.

En los últimos años, en México han surgido varios productores orgánicos locales que ofrecen productos agrícolas que no solamente son de producción propia, sino que también están libres de las sustancias y métodos más dañinos que actualmente usurpan la producción tradicional en grandes extensiones del planeta. Algunos de estos productores se pueden encontrar en listas y directorios como http://organicsa.net/directorio-productos-organicos y www.impulsoorganicomexicano.com. Muchos de ellos también hacen entregas a domicilio.

Corre la voz. Todo el mundo necesita conocer no sólo lo que come, sino cuáles son las consecuencias de sus elecciones como consumidores. Si la gente deja de comprar un determinado producto, éste desaparecerá de los anaqueles de los supermercados y su lugar será ocupado por aquello que la gente sí compre.

¡¡Provecho!!

¡Ah! Y no olvides darte una vuelta por nuestra página.

2 opiniones en “Seguridad Nacional Aplatanada”

  1. Este primera entrega del blog es muy interesante, nos hace pensar sobre el impacto que tienen nuestras hábitos cotidianos en la Economía y en la vida de otras personas.

    Además, me parece que para los mexicanos todavía es muy accesible el comprar productos nacionales en nuestros tradicionales mercados. Ciertamente hasta ahí han llegado las importaciones, pero por fortuna no son aún mayoría.

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